
Desde adolescente, al escuchar los pájaros con la inminente salida de la luz del sol, me despertaba fascinada para abrir la ventana, tomarme un café y comer una rica tostada.
Este año, que fue un año muy especial… donde todo me lo replanteé… un día sin razón decidí dejar de tomar “ese” café.
Desde mi cuerpo solo las primeras horas tuvieron una reacción… me dolió un poco la cabeza, pero también pudo ser a causa de otra cosa, pues las coincidencias existen.
Hoy, estaba en la cama y me dije… me falta la motivación del aroma del café… por qué me auto limite ese pequeño placer?
Bastaron dos minutos para darme cuenta que no tenía sentido.
A veces nos auto-infligimos situaciones absurdas, que luego se transforman en hábitos que nos limitan… cuando la pura verdad, no tienen razón de ser.
Ojalá pueda darme cuenta de cuántas tonterías como ésta me auto impuse, para en la medida de las posibilidades abrirles nuevamente las puertas.