Taquicardia

Sin esperarlo … una mañana, en un abrir y cerrar de ojos, haces un movimiento normal, y lees algo que te deja sin aliento, que te genera mil revoluciones en el corazón, y que no te permite reaccionar de forma corriente…

Y lejos de quedarte pensando, porque tu día es un día de colapso de cosas, seguís tu día como si el corazón no se te hubiera detenido… pero te das cuenta que tenes una energía mayor a la común… y una sonrisa se te dibuja más fácil desde tus labios.

Y te llega la tardecita, y vas de regreso a tu casa, y decides cruzar la calle, porque te olvidas de donde dejaste tu auto estacionado (porque en realidad no deberías de haberla cruzado, sino continuar por la acera en donde estabas), y en un acto reflejo miras a quien te da paso … miras … y te quedas sin palabras, porque la casualidad es tan grande que apenas te dan los pies para llegar al otro lado de la acera.

Te metes en la cama y te preguntas… que significó eso?

Y solo preguntándotelo, te viene nuevamente taquicardia… y simplemente solo sos consciente de que sentís a tu corazón bombear más rápido… y no tenes dominio de ese ritmo… , es más, de esa acción es lo único sobre lo cual tenes certeza.

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El Fuego de la estufa de leña

Mientras prendía el fuego de la estufa pensaba cuánto tiempo había transcurrido desde que no sabía hacerlo…

Reflexionaba respecto a la conexión absoluta que se tiene cuando se lo hace de forma consciente, cuidando donde colocar cada leña, cada piña, como doblar el diario, como mezclar ramitas, y qué madera poner en cada sitio… para darle así vida con una chispa al fósforo.

Dejando cuidadosamente pasar el oxígeno, pero no tanto como para que el fuego no se cuele por el tronco pasando olímpicamente tras su origen en la piña.

Por otro lado, pensaba que cuando lo hago tranquila prende enseguida, si estoy centrada colocando cada “ingrediente”, y sentada a su lado hasta que arranca, siempre sucede así, y ya después es imparable aunque coloque las leñas más mojadas del jardín.

Cuando lo hago me hace sentir que en cierta manera, por más que vivo en una ciudad, estoy ligada directamente a lo más natural que existe en el medio de la Naturaleza: el calor del fuego…

Con el tiempo, incluso he aprendido a calentar comida con él, y a hacer alimentos a través de sus llamas…  

Me conecta… me centra… me atrapa… y me hace sentir parte de la materia… esa leña que se consume para darnos calor a los cuerpos que estamos alrededor de ella.

Mi estufa los días de viento fuerte muchas veces ahúma, y me impregna la casa entera, no siendo mi pelo la excepción…. por lo que siento que cuando ando por la calle la gente debe de percatarse a mi paso del olor de la leña por sobre mi colonia de limón… dejando al descubierto entre los desconocidos mi vínculo con el fuego.

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