Un sorbo de café

Con los años uno va valorando más y más sus momentos de paz externa -la interna, también se supone que con los años es parte de la propia coherencia del existir-.

Esos momentos de sagrado silencio en los que se está en compañía de uno mismo, insertos en un lugar ideal, con la inmensa tranquilidad de haber recorrido un camino propio y estar calzado en los zapatos donde se debe de estar.

Hoy, con mis cachorronas durmiendo, y la compañía de Oliva a mis pies, esa perra tan maravillosa que me mira todo el tiempo y me quiere como ningún ser, me dispuse a tomar un riquísimo café, algo que no gozaba desde hace tres meses, dado que se me había ocurrido prescindir de él.

Adoré el olor que salía de la cafetera una vez que estuvo listo, y observar como caía al servirlo en mi taza (esa que tiene una rajadura, esa que me compré en un negocio perdido de mala muerte al llegar a España, y que está en casa a mi lado desde hace 18 años, todas las mañanas y muchísimas tardes).

Y ese sorbo de café… cuan magia se deslizara por mi paladar… me hizo pensar y sentir…

La pandemia me ha mostrado que mi órbita ha quedado desfasada del denominador común, tanto en lo que hago como en lo que decidí (no) hacer, como en lo que encaré/ reencaucé mi propia vida.

Cada uno ha tenido y tiene su propia pandemia, su propio movimiento que te vino a mostrar que la certeza es tan infrecuente como las partículas de oro en el agua… y sobre esa idea de incertidumbre encarar el presente de forma diversa.

Mis instantes pasaron a ser sagrados, las personas con quien elijo compartir mi tiempo muy valoradas, y lo superficial, lo que se basa en el tener o mostrar, lo que -desde mi perspectiva- implica perder esencia… completamente descartado.

Sorbo otro buche de café… qué rico que huele… y que privilegio el mío tener la libertad de poder elegir volver a tomarlo

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Qué alivio estar en casa esta mañana fresca de sábado de Noviembre, tras tantos fines de semana girando, en lugares mágicos, en lugares míos, con personas encantadoras… pero girando… cuando adoro mi casa, adoro mi cueva, adoro el olor de mis muebles, adoro la compañía de mis hijas y mi perra, adoro la brisa que corre por mi ventana, adoro la vista de mi jardín… y adoro el desayunar en camisón.

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Segundas Oportunidades

Es frustrante ver para atrás y corroborar que se perdió una oportunidad…

Darte cuenta que las cosas se dieron para que hagas o digas algo que no hiciste o no dijiste, a pesar de que tuviste las ganas de hacerlo/ decirlo o incluso (peor) la corazonada… es una sensación no feliz.

Me he pasado muchos meses pensando lo que daría por revivir determinada situación y actuar de una manera diferente.

Meses analizando mis errores, mis miedos, mis tropiezos, mis malas reacciones, e incluso mis malas elecciones…

Y sucedió… mágicamente… que la (segunda) oportunidad (me) cayó… y la vi, y la tome… e hice todo lo que debí hacer antes, pero con la conciencia del hoy… y fue así que la oportunidad pasó… y me quede en paz en lo que respecta a mí.

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A veces la vida nos sorprende con las mismas flores que no supimos oler ayer.

Y puede pasar que por las razones que sean no las podamos ver y volver a perderlas, o apreciarlas de otra manera y atesorarlas  ….

En definitiva… no todo el mundo tiene el mismo grado de conciencia… y en eso radica el secreto de tomar o perder.

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