Paz tras la tormenta

Fueron meses de mucho stress, de sentir situaciones injustas sobre mi espalda, de llorar, de angustiarme, de zumbidos en los oídos, de no saber qué hacer, de tener miedo… pero también de sentir una corazonada interior que me decía que debía de moverme del lugar donde estaba, y de entre las personas que no me valoraban.

Siempre fui agradecida por lo que desempeñaba, porque sentía que había nacido para hacer lo que hacía, y tenía la conciencia plena de que los resultados de las cosas que hacia eran tangibles para el Planeta.

Pero cerré ese capítulo de mi vida tan grande, y tras mucho aprendizaje en todo sentido, en la recta final opté por hacer valer mis ideas, poner en alto el valor de mi dignidad, y el respeto por mí misma.

Y dije hasta aquí llegué.

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Me caí de una escalera

Me caí de una escalera… y mientras caía pensaba todo lo que me podía pasar …

Me dolió muchísimo, me reventé literalmente mi “culete”, me quedó un machucón monumental, y hasta bastante sangre me salió.

Pero tuve suerte…. respecto a dónde caí, como caí, y el lugar del golpe en mi cuerpo….  incluso hasta en la sangre que salió, que no se quedo acumulada en lo que pudo haber sido un enorme chichón.

Quedé impactada …

Fue como recibir un mensaje del Universo…

Visualizar cuánta presión estoy teniendo desde hace unos meses atrás, la necesidad de no seguir enroscada en lo que me hace mal, y la urgencia que tengo de bajar la “pelota al piso”, aunque sea cayéndome y lastimándome, para no seguir lesionándome en lo irrecuperable.

Y dentro de esa suerte, también la tuve porque mi hija mayor estaba cerca, a mi lado, y no solo pudo ayudarme en lo que la caída significó, sino estuvo allí para darme un abrazo largo y sincero, cuando en el suelo me puse a llorar como una niña.

Pues no solo lloré de dolor, sino que con la caída se aflojó toda la impotencia y frustración que venía sintiendo desde hace un tiempo atrás.

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