Sobre gitanos

Desde niña me fascinan y me atraen los gitanos…

Las mujeres con esas polleras largas…

Los hombres con esos aires de libertad…

Tan bila´ores ellos, tan seductoras ellas.

Sus colores, sus formas tan nómades de vivir, su manera alegre de expresarse en voz alta…

Con el tiempo la vida me cruzo con ellos en dos momentos importantes como mujer, siendo madre de mis hijas, e incluso yo fui madre nodriza de un gitano bebe.

Lo que nunca me hubiera imaginado es que un Gitano vendría a mostrarme, cercana a los cincuenta años, cuanto miedo se alojaba en mí, y cuan desprovista de tolerancia hacia el diferente estaba inmerso en mi inconsciente, al punto que por estar corriendo hacia la perfección de los ideales deje de apreciar lo verdadero….

Yo que hablo tanto de humanidad, quede vulnerable en mi manera menos humana, en mi ego mas profundo.

No se que brujería me hizo ese Gitano, pero mi vida se dio vuelta… y ahora ando errante como una Gitana moviéndome de mi zona de confort.

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No te vayas sin despedirte

Esa mañana me había levantado más temprano para volcar en un papel lo que deseaba que se llevara de mí.

Esas montañas me habían dado tanto en mi humanización, que anhelaba incentivar con mis palabras un encuentro espiritual.

Era un día fantástico de sol, y antes de irme a trabajar, colgué la ropa, poniendo todo en su lugar, oliendo el suavizante, disfrutando esa pequeña labor hogareña que curiosamente me gusta tanto hacer los días soleados de frío, y mientras lo hacía pensaba todo el tiempo en las casualidades de la vida.

Jamás hubiera imaginado que lo evidente no ocurriría.

Jamás… era tanta la seguridad de que el destino no me jugaría malas pasadas, que había bajado todo tipo de precaución.

Tuve un día de corridas, pero tenía la certeza de que terminaría bien, y eso me alegraba.

Pero… pero algo debí de venir a aprender a esta Tierra, y que se ve que aún no he aprendido, que la vida me pasa mostrando que lo maravilloso puede virar.

Y sucedió algo que no supe ni que fue… solo sé que estuvo teñido de ausencia de verdad porque me lo dijo mi intuición.

Y se fue la noche sin despedirse de mí…

Y ya a la mañana era tarde, porque mi corazón estaba dolido, y toda esa ilusión absoluta que tenía se había partido en trocitos puntiagudos.

Esa mañana prendí el fuego de la estufa de leña, tomé la carta y la quemé… deseando que cada palabra de ese papel llegara a través de la energía del Universo a su destinatario, yo ya había dado todo de mí, pero si no lo desearon tomar ya no dependía de mí.

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