Alfredo

 

Yo conocí a un Señor, hace unos cinco años… un hombre con quien apenas hable admiré y el a mí…

Fue gracias a Mama que lee la letra chica y escondida de las cosas que compra, también gracias a mi que tengo un sexto sentido con las cosas, y gracias a él q vio entre letras quien era yo “investigándome”.

Lo cierto es que entre nosotros se generó un vínculo importante… el me nombro “torbellino” por moverle, y yo vi en él una persona verdadera y hacedora como pocas, un ejemplo de vida.

Cada tato nos contactamos por teléfono, casi nunca nos vemos.

Y la pregunta inicial siempre es ¿cómo estás? Y la respuesta es sincera, jamás desde la típica educación sino desde donde realmente estamos… por ende jamás hay por respuesta ni un bien, ni un muy bien ni un mas o menos … sino una variedad de matices.

La semana pasada le mando un mensaje e inmediatamente me llama, y me dice que me quiere contar como esta.

(…) Cada conversación con el… que dura mucho rato… es un libro de sabiduría que se abre, y esta vez lejos de ser la excepción fue un momento de mucha lagrima de emoción, de esa que te sale cuando te cruzas con lo auténtico y con lo que realmente tiene sentido.

Alfredo se va de viaje con su Señora a la capital de Lituania o Eslovenia, y cuando le pregunto por qué eligió ese destino, me contesta “es que tengo que desaparecer”… “con la edad que tengo sé que me queda no tanto de vida en este movimiento que hoy si tengo, y tengo que disfrutar con la mujer que siempre me ha acompañado y para eso desconectarme”.

Al instante me dice que seré su invitada de honor en un reconocimiento que le van a  hacer en breve tras un largo trayecto, y me sale con que en la vida hay que ser agradecido, y agrega una serie de cosas maravillosas que comparto pero que no es frecuente escucharlas, y ser la destinataria me mueve mucho el corazón.

Ya cortando, agrega “hoy en día solo hago lo que me enamora”.

Siempre debe de hacerse lo que enamora, porque uno tiene que enamorarse de la vida cada día y en cada momento, y ser consciente de que si no te enamoras del momento y de lo que haces a pleno, sea lo que sea, vivís en una continua dilatación de tu vida esperando un no sé que, que seguramente nunca llegara pero que te generara solo perder momentos.”

Y se despide diciéndome “la vida te da cosas mágicas, y hay personas que se te cruzan solo para hacerte feliz… gracias

Y yo le doy las gracias a Alfredo por existir mientras moqueo como una niña de puro amor que me da la vida por tener el privilegio de conocer personas como él.

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Mágicos Caballos

Desde que era muy chiquita, me iba con mi Papa a “la Fabrica”, porque al lado estaba “la Chacra”… allá cerca de Instrucciones y Camino Antares… y mi programa preferido del mundo mundial era mientras Papa trabajaba, pasar tiempo con los caballos…

Para ir, me dejaban incluso faltar algún que otro día al colegio de lo que insistía, ni que hablar lo que adoraba los festivos laborales, o ya cuando era más independiente la de combinaciones de ómnibus al salir de clases que debía de tomar.

Ir a agarrarlos al campo, caminar con ellos, cepillarlos, pasear, sentarme en la cañada y muy pero muy especialmente hablarles… ellos sabían todos mis secretos, y eran mis mejores amigos por lejos.

Me fascinaba andar a pelo porque entendía que así nos convertíamos en uno solo, yo una extensión de ellos (justificando los rezongos de Mama al regresar a casa, que solía decirme que no conocía a nadie se ensuciara mas que yo)… y hacia malabarismos para subirme desde los alambrados porque nunca fui tan ágil como poder saltar sobre sus lomos sin estribos… era frecuente que el que me llamara más la atención fuera el más complicado para todos… porque me agrandaba todita cuando se acercaba a mí y no estaba nervioso como con el resto.

Pasaron los años y la fábrica se fundió, la chacra se vendió y a mi ultimo caballo lo regale antes de irme a vivir a España … Bronco.

Pero mi vínculo con ellos es para siempre, y con ellos me siento la misma niña de cinco, diez, doce años, o incluso la adolescente a la que podían ofrecerle el programa que fuera, pero nada de nada iba a superar el estar con un caballo… es como si los años no pasaran para eso.

Los caballos tienen algo misterioso, que no entiendo pero que si siento, algo que me genera una paz total en mi Alma, y pase lo que esté pasando por mi vida, por más triste o preocupada que pueda estar, con ellos yo me olvido del Mundo, de los problemas, de los dolores, de las frustraciones, y solo siento su respiración, su olor, su paso, su tacto y al mirarnos entiendo que me miran mi corazón… es como si el tiempo se detuviera y el presente se trasformara en solo un momento sagrado entre “el caballo y yo”.

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