El Fuego de la estufa de leña

Mientras prendía el fuego de la estufa pensaba cuánto tiempo había transcurrido desde que no sabía hacerlo…

Reflexionaba respecto a la conexión absoluta que se tiene cuando se lo hace de forma consciente, cuidando donde colocar cada leña, cada piña, como doblar el diario, como mezclar ramitas, y qué madera poner en cada sitio… para darle así vida con una chispa al fósforo.

Dejando cuidadosamente pasar el oxígeno, pero no tanto como para que el fuego no se cuele por el tronco pasando olímpicamente tras su origen en la piña.

Por otro lado, pensaba que cuando lo hago tranquila prende enseguida, si estoy centrada colocando cada “ingrediente”, y sentada a su lado hasta que arranca, siempre sucede así, y ya después es imparable aunque coloque las leñas más mojadas del jardín.

Cuando lo hago me hace sentir que en cierta manera, por más que vivo en una ciudad, estoy ligada directamente a lo más natural que existe en el medio de la Naturaleza: el calor del fuego…

Con el tiempo, incluso he aprendido a calentar comida con él, y a hacer alimentos a través de sus llamas…  

Me conecta… me centra… me atrapa… y me hace sentir parte de la materia… esa leña que se consume para darnos calor a los cuerpos que estamos alrededor de ella.

Mi estufa los días de viento fuerte muchas veces ahúma, y me impregna la casa entera, no siendo mi pelo la excepción…. por lo que siento que cuando ando por la calle la gente debe de percatarse a mi paso del olor de la leña por sobre mi colonia de limón… dejando al descubierto entre los desconocidos mi vínculo con el fuego.

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Nada que decir

Por primera vez en la vida no puedo decir nada… porque no estoy preparada para hacerlo, ni deseo hacerlo…

Por primera vez en la vida no quiero poner en palabras lo que no tiene palabras, buscando órdenes imposibles…. porque lo que es puro sentimiento… no tiene palabras.

Por primera vez en la vida opte por no mover ni un musculo, y mucho menos juzgar …

Dudas e inseguridades me han venido de a miles, como una lluvia torrencial… pero de una forma misteriosa (que tal vez se llame haber evolucionado como ser humano), me di cuenta que no me suman, por lo que elegí quedarme con la seguridad de lo que sí es certero, lo mío… y eso sí me vale, me suma, me dignifica, y me hace agradecer…

El resto… lo que  no depende de mí … el resto…  es tan imprevisible, tiene tantas aristas, y esta tan fuera de mí que no tiene ni sentido dedicarle ni tiempo, ni saña, ni dolor, ni ilusión … ni nada.

Y cuando extraño… cuando escucho canciones… cuando me doy tiempo para contemplar … me reconforta pensar que en esas sincronicidades de la vida… en los pensamientos existe la posibilidad de que las almas se encuentran, se abrazan y trascienden.

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