Y me acuerdo de tí

Miro las estrellas… me hamaco, siento el aire en la cara, algo de frío en los pies … y me acuerdo de ti

Voy en mi bici… recorro las mismas calles, bajo la misma sombra de los mismos árboles, doblando por las mismas esquinas … y me acuerdo de ti.

Voy por la carretera… escuchando canciones, miro a los lados, disfruto manejar, me imagino conversaciones … y me acuerdo de ti.

Voy caminando por la playa… mirando el cielo, las olas bailar, la arena marcándose, las conchitas minúsculas que quedan desparramadas … y me acuerdo de ti.

Y será acaso que me invadiste la mente, o acaso será que simplemente te representan todas las cosas que se cruzan en mi camino, o que tú representas todas las cosas que se me acercan…

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Diez días con Migo (y Olivia)

Me desperté agradeciendo ese día de lluvia de verano que se avecinaba.

Mi amiga se sentía mal desde que se había levantado, tenía resfrío, pero lo justificaba diciendo que había estado con altas dosis de presión laboral los días previos.

Al mediodía comimos juntas, luego le lleve un par de tés a su dormitorio, y me puse a leer y “siestear”, hasta que en determinado momento por más que llovía me vinieron ganas de ir cerca del mar a ver el atardecer, por lo que me subí al auto y vi caer el sol a pesar de la lluvia, mientras me comía un chocolate amargo.

A día siguiente, mientras terminaba una reunión de trabajo -al aire libre- empecé a sentir que me dolía muchísimo la cabeza, supuse era por el sol que me daba en la nuca, pero pase por la farmacia a comparar algo, y me fui a la cama porque no podía más de sueño.

Mi amiga se había ido a hisopar para sacarse dudas, y cuando en la noche volvió me dijo que tenía Covid, por lo que era probable que yo también con todo lo que había estado cerca de ella… decidí a la mañana siguiente regresar a mi casa, tomándome la carretera con mucha tranquilidad.

Pase por la guardería de Olivia, mi perra, a levantarla… me recibió de una manera “diferente”, y desde el mismo instante en que la recogí me acompaño sin dejar de mirarme un segundo durante el lapsus de diez días.

Llamar a mi centro de salud para que me hisoparan fue imposible, ni que me respondan un solo correo de todos los que les mande, solo logre que en teléfono de mi emergencia móvil me atendieran, pero sus cuarenta y ocho horas de posible espera en los hechos se triplicaron.

Ante el escenario de hechos, me aislé…

Pasé diez días sin energía ni para lavar un plato, mucho antojo de lechuga y milanesa para ser exacta, y deseando solo dormir… me sentía como si yo no fuera yo.

En las tardes, cuando refrescaba, adoraba tirarme en la hamaca paraguaya del jardín y mirar el cielo… pasé muchísimas horas contemplándolo, muchas noches allí mismo llorisqueé pensando en algo que me había sucedido casi un año antes, pero era como si recién me permitía el silencio de pensarlo y el mirar al infinito me daba la posibilidad de dejar salir las lágrimas de mi ….

A los diez días exactos de mi primer síntoma me hisoparon y evidentemente el test de antígenos salió negativo, pero yo sentía que había tenido al “bicho” dentro de mi… y a la mañana siguiente el PCR sí me salió positivo… allí caí en un mundo de dudas (y me dio un poquito de miedo pensar lo largo que era mi Covid), pero al toque hablé por teléfono con personas que lo  habían tenido de cerca, viajan mucho, y me aclararon que en algunos casos ciertos enfermos post Covid siguen dando el PCR positivo por meses, y por eso para cruzar fronteras se necesita de resguardo un alta medica que constate las fechas.

El día 12 tras mi primer síntoma me volví a realizar el test de antígenos, que me volvió a salir negativo, e inmediatamente me vino una necesidad enorme de tirarme al agua y nadar, y lo hice con una sensación infinita de placer, libertad y emancipación total de una carga de energía que estaba arrastrando a mi cuerpo hacia un sitio diferente al mío.

Esa tarde decidí ir a la rambla a ver caer el sol, se había levantado viento y caían unas gotitas de lluvia del cielo cuando de repente aparecieron mis hijas, y me vino una emoción maravillosa de puro amor en el corazón, ganas de abrazarlas infinitamente.

No había padecido ningún síntoma fuerte, solo cansancio durante muchísimos días y dolor de cabeza un solo día -el primero-, pero psicológicamente había estado tan centrada en mi persona, que el hecho de volver a verlas allí en el medio del viento y bajo el agua de las gotitas que caían del cielo, me hizo darme cuenta que había experimentado como un retiro espiritual en las profundidades de mi misma, en la ausencia de certezas de lo que podía suceder dentro de lo que los medios de comunicación nos muestran sobre el Covid…. un retiro de diez días de soledad, y a la vez de pura compañía de “mí”, con la presencia de Olivia, observándome.

Desde que comenzó todo esto me he pasado diciendo que cada ser en este planeta ha vivido y vive su propia Pandemia en atención a sus circunstancias, a partir de ahora diré lo mismo sobre el Covid…. asociándolo en mi caso a la frase célebre que mi Padre me recuerda desde que tengo uso de razón, “María, no corras, a donde debes ir es a ti misma”.

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