Oportunidades

Te paras… miras para atrás… lejos y cerca… vislumbras una gran cantidad de situaciones las cuales has tomado, o has perdido… soltaste, o te han soltado… saltaste, o te has quedado quiet@.

Corroboras que la vida la constituyen -entre otras cosas- muchísimas encrucijadas… que se presentan escondidas o muy evidentes en tu diario vivir…

Si hay algo que las caracteriza es su efímero paso por el (tu) tiempo, porque si no las captas en el momento, es muy normal ya luego sea tarde.

Es cuando despertas que te das cuenta que la dejaste pasar… y te encantaría dar vuelta atrás todo, y volver al mismo momento en que no tomaste la decisión “más feliz”… pero es allí cuando sos consciente de lo imposible de retroceder el tiempo.

Entonces te justificas diciendo que por algo lo elegiste así, pero tú sabes adentro tuyo que eso que hiciste tal vez falló porque esperabas una perfección que en este planeta por lo menos no existe, o que se alinearan todos los astros cuando a veces el propósito es que seas tu quien te aliñes a los astros, o porque tenías el miedo de que te ocurrieran cosas que están ancladas en tu inconsciente por otras vivencias.

Oportunidades… estaban ayer, habrán hoy, aparecerán mañana… es el juego de la vida… esos minúsculos momentos que elegimos o no elegimos hacer/ decir/ exteriorizar algo,  y lo que la consecuencia de esas elecciones nos determina en la vida.

He sido una pescadora de oportunidades, pero a veces he pescado mal, y otras tantas he estado muy distraída y he perdido la red…

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Mi Pandemia

Un día salís de tu casa, dejas todo impecablemente ordenado, cerras la puerta, le pedis a tus hijas que no sea un día mas, y vas a disfrutar la vida del otro lado de las rejas en estos días tan enrejados… pero la dejas a tu perra para que te permita disfrutarlo con mayor libertad.

Luego volves por la carretera, sentís la necesidad suprema de detenerte, bajar del auto, le decís a tus hijas que ese momento requiere un abrazo… miras el horizonte y su cielo rojo.

Llegan, abrís el portón de afuera, deseosa de entrar, estas divinamente cansada.

Abrís la puerta de adentro, y demoras unos instantes en captar que algo raro sucedió, todos los cajones dado vuelta, la puerta que da al jardín del fondo abierta.

Son tus hijas quienes te alarman, porque te has quedado inmóvil, y te dicen que tienes que cerrar de nuevo la puerta.

Actuas bien rápido, porque sentiste la presencia de otros en tu lugar, esperas a la policía, y asumís cada momento de esos momentos que te vienen detrás….

Se van todos, tenes la casa dada vuelta, tenes miedo, pero decidís quedarte a dormir allí y vencerlo, y además, te empecinas en querer arreglar todo lo que puedas.

Descubrís la causa de lo más vulnerable has tenido en la propia casa, para en la medida de lo posible solucionarlo, y los días siguientes te dedicas a hacerlo.

Empieza una limpieza digamos del mundo de los recuerdos, tu que tenes tanto papel y papel de cada cosa y capitulo de tu vida, y tomas la decisión de hacer una limpieza interior, que ya luego alimentará el fuego del inminente invierno… porque le queres rendir una ceremonia a esos mismos papeles.

Te pones al hombro salir adelante…. pero algo en ti cambia… desde la presión de ser el único sostén, la necesidad de encarar atravesarlo rápido, y sobre todo tu propia vulnerabilidad.

Te han llevado cosas valiosas, cosas que necesitabas, cosas que eran caprichos, cosas que te habían acompañado décadas… cosas… pero te han llevado también la sensación de que tu cueva era segura.

Lo único curioso, es que has sentido que quienes han entrado sin invitación a tu casa, por los pequeños detalles que observaste, no tenían maldad, y eso hace que entre tanto nubarrón negro, sientas cierta luz que te hace sentir que incluso en los enredos malos, puede aparecer un toque de bondad, y te genera cierta paz.

Han pasado un mes y un par de días, yo no soy la misma, ese robo me marco muchísimo, me hizo ser más leona, mas madre, y ahora me tiene descansando esa energía imponente que debí poner esos días para encararlo todo

Ese robo me mostro mi avaricia, mi apego, mi sensación de omnipotencia pese a lo que digan los demás, y me hizo sentir cruel por haber dejado a mi perra en casa en un programa que hubiera perfectamente disfrutado ella.

Ese robo me hizo crecer como persona, no me dejó miedo a cuestas, sí ser más cuidadosa…  pero no tanto para el que quiera entrar sin invitación, al cual poco puedo dominar, sino para adentro de mi cueva  con las actitudes que debo encarar en mi vida.

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