La toalla rosada

Durante veinte años cada vez que iba a dormir a lo de Lalá, mi Abuela, ella me daba la misma toalla para que utilizara en el baño.

Cuando Lalá se murió, me traje esa toalla conmigo.

La misma me acompañó en cada mudanza, por supuesto también de país.

Hoy, mientras “me secaba” con ella, me di cuenta que ya no era una toalla, sino casi que solamente un trozo de tela.

Me vino el dilema de qué hacer con ella… pero la certeza de que por lo pronto tratar de secar mi cuerpo ya no lo haría más.

Cuesta mucho darse cuenta que determinadas cosas (tal vez incluso personas) han estado durante mucho tiempo en la vida de uno, pero que de repente si bien continúan entorno a nuestra órbita, han dejado de ser lo que han venido a ser entorno a nosotros…

Cuesta mucho darse cuenta que determinadas cosas (tal vez incluso personas) han venido a cumplir un ciclo en torno a nuestras vidas, y que tras finalizar éste, aferrarnos a ellas solo genera incomodidad o malestar e incluso la posibilidad de hacer las cosas mejor.

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Sobre gitanos

Desde niña me fascinan y me atraen los gitanos…

Las mujeres con esas polleras largas…

Los hombres con esos aires de libertad…

Tan bila´ores ellos, tan seductoras ellas.

Sus colores, sus formas tan nómades de vivir, su manera alegre de expresarse en voz alta…

Con el tiempo la vida me cruzo con ellos en dos momentos importantes como mujer, siendo madre de mis hijas, e incluso yo fui madre nodriza de un gitano bebe.

Lo que nunca me hubiera imaginado es que un Gitano vendría a mostrarme, cercana a los cincuenta años, cuanto miedo se alojaba en mí, y cuan desprovista de tolerancia hacia el diferente estaba inmerso en mi inconsciente, al punto que por estar corriendo hacia la perfección de los ideales deje de apreciar lo verdadero….

Yo que hablo tanto de humanidad, quede vulnerable en mi manera menos humana, en mi ego mas profundo.

No se que brujería me hizo ese Gitano, pero mi vida se dio vuelta… y ahora ando errante como una Gitana moviéndome de mi zona de confort.

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