
Una especie de árbol es mi ejemplo de esperanza, pues sobrevivió lo más brutal … una bomba atómica.
Y resulta que hace un tiempo, más de diez años ya, un amigo me regaló uno y lo mantuve conmigo durante muchísimos años en una maceta, hasta que me di cuenta que tenerlo “encapsulado” no era digno para él, por lo que le busqué un sitio ideal y allí se fue a crecer.
Me gustaba como me marcaba el otoño y la primavera mi Ginkgo…
Ver como sus hojas cambiaban de color hasta caerse… cada año elegia una y me la guardaba en la mesita de luz.
Ver como de un palito casi que insignificante salía un día un bultito verde y de repente una locura de mini hojitas iban apareciendo velozmente.
Y resulta que este otoño ventoso la vida me regaló un atardecer repleto de hojas de Ginkgo sobre mi jardín, que supongo procedieron del jardín de algún vecino … y por supuesto también elegí una.
Lo tomé como un mensaje del Universo…
El desapegarnos nos permite recibir con creces.