
Hace cuarenta años mi querida Lalá me mando a hacer con una modista un abrigo.
Desde ese momento a hoy, salvando las diferencias del tamaño del mismo en mi cuerpo, no ha habido un invierno o un viaje al frio que ese abrigo no me acompañe.
Podría decirse incluso que es como mi estampa típica con temperaturas frías.
Nunca le perdí un botón y lo único que he tenido que coserle ha sido el forro de sus bolsillos, pero algo curioso pasó con su capucha. Fue justo el día que enterramos a Lalá, y es que en el cementerio a pesar de ser invierno había sol y calor, y una amiga vino y me dijo que me cuidaba la capucha que curiosamente había sacado del chaquetón, y ella se fue en ómnibus, y allí lo perdió.
Siempre tomé esa perdida como algo casual, pero fue recién hasta hace poco que le dí el sentido correcto.
Es que resulta que Lala siempre me repetía la misma frase “MV el mundo es de los audaces” y entiendo que fue una manera de recordarme que siempre de la cara, que no me esconda encapuchada… y que sea una mujer audaz.
Soy consciente que en cada puesta de ese chaquetón esta intrínseco un abrazo de Lalá, y un recordatorio de todo su amor hacia mí.