
He dormido 8 horas, pero me despierto sin muchas ganas de levantarme.
Estoy aun bastante cansada y mi cuerpo esta exhausto.
Pero tengo tanta “conciencia” de que es la hora de salir, pues más tarde será «incomodo».
Estoy en la ciudad que vive al alba y de madrugada, para luego quedar desértica durante el mediodía y la tarde.
Son las reglas de la Naturaleza las que gobiernan aquí los hábitos.
Ayer fue un día “raro”, por demás de agotador, y supongo que conjuntamente con las circunstancias tangibles, fue el resultado de remover emociones.
Sevilla me marca etapas grandes y diversas, etapas antagónicas… mi época más libre y divertida en los estudios, mi etapa más enamorada, y mi capítulo de familia más quebrado.
No tengo ganas de andar recorriendo esquinas de recuerdos, más bien deseo ver lo que no vi por tener la mirada perdida y andar de prisa con preocupaciones y ocupaciones diversas que no me han permitido sentir la ciudad a pesar de la de veces que he estado aquí, y en diversos momentos de mi vida.
No en vano llegue casi que sin elección esta vez… pero con un cambio de planes descomunal.