El pasar del tiempo

El tiempo había pasado, y había dejado una de sus secuelas… el desgaste del cuerpo.

La observaba tan frágil, tan entregada, tan mayor…

Yo (también) ya era mayor, pero aún no tanto como ella …

Mantuve la firmeza cuanto pude, y lo logre… incluso con el “impedimento” de con quien supuestamente deberíamos ser apoyo mutuo, y el capítulo aparentemente termino con un final sereno.

No obstante, en lo personal quede de cama, literalmente de cama… sin fuerzas el fin de semana ni para ir a yoga, ni para andar en bici… ni para doblar ropa, ni para conversar… porque uno (yo misma) no está preparado para corroborar el desgaste del cuerpo de las personas que tanto ama.

Que cosa extraña (y maravillosa) que es la vida… tan extraña que de un momento a otro se comienza a apagar, y está en nosotros el cómo encaramos que esa luz sea cada vez más tenue …

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Medidores

Son las 13 hrs de un jueves y estoy inquieta, de repente le digo a mi hija.

No he hecho nada productivo hoy, que desastre”

Ella, la Sabia, me mira y me dice, “Mama, fuiste al veterinario para evitar una herida mayor, salvaste a otro perro de la calle porque llamaste a su dueño, llevaste a tu madre a fisioterapia, caminaste conmigo 20 minutos por el barrio, fuiste a saludar a tu padre… y hay sol

Efectivamente, no había trabajado y al rato lo compense, pero esas palabras tan precisas de mi hija, me hicieron darme cuenta, qué ridículo el baremo que tenemos los seres humanos para medir la importancia de las cosas.

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