
Habíamos pasado cinco días juntos, no había sido un reencuentro cualquiera… sino el que sucedió tras la catástrofe.
Nos habíamos lastimado tanto, habíamos quedado tan tristes cada uno en su mundo, y tan lejos el uno del otro.
Nuestro reencuentro fue un total secreto, y habíamos elegido un sitio no cualquiera para conversar y vernos … un pueblito donde había nacido ese Santo que tanto nos gustaba a ambos, y fue allí donde tomamos conciencia de que ese Santo había tenido una vida a la par con una Santa… y nos compramos algo extremadamente metafórico de ellos y de nosotros.
Y ahí estábamos en el aeropuerto despidiéndonos, él agarro esas medallitas de madera y las separó “Tu quédate con Francisco que yo me quedo con Clara, y cuando nos volvamos a ver los volvemos a unir”
Y un día esas figuras se unieron, para luego pasar mucha agua por debajo de ese puente…
Décadas y décadas de aquel día, mucha vida vivida, muchos kilómetros también … yo seguí mantenido a los santos juntos, y “además” en un lugar especial de mi dormitorio.
Y fue recién ayer que tomé conciencia de mi acto inconsciente, y con profundo respeto y agradecimiento por la vida juntos, por los frutos de ese amor y por el maravilloso cariño que le tengo, mire ambas partes y las separé, pues entendí que no estaba bien que siguieran unidas, ni yo me quedara a cargo de ambas, sino que debían de volver a cada uno la suya, y esta vez a su genero respectivo.
….
Lo llamé, caminamos, le conté lo que pensaba, le di su parte, él la acepto, y varias veces hice mención a la historia de amor que tuvimos… y por supuesto me emocioné hasta las lágrimas.