Puerta

Había dejado la puerta abierta.

Estaba esperando que apareciera…  era tan necesario, tan evidente, tan amoroso y tan celestial que sucediera.

Pero pasaron los días, las semanas y los meses, y no tuve ni una respuesta, mucho menos apareció tras la puerta.

Fue un dolor gigante, que calculo no se irá jamás del todo, pero es que no era mi mente la que estaba convencida que sumaba, sino mi corazón, y por sobre todo, mi Alma.

Supongo que mi Alma se quebró con todo eso… porque nunca más la volví a sentir a pleno.

Una tarde decidí que seguir así era vivir a medias, que debía de cerrar esa puerta para poder así abrir la siguiente. Y así lo hice, de la mejor forma que pude, poniendo todo de mí, dulce y claramente, y sobre todo, de frente…

Aún así… supongo que en mi parte más intima de mi existencia, ha quedado una ranurita semi abierta, tal vez el cerrojo, por si en algún momento se atreve a venir, dando el salto de soltarlo todo para vivirlo todo (también).

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Volví a tomar café

Desde adolescente, al escuchar los pájaros con la inminente salida de la luz del sol, me despertaba fascinada para abrir la ventana, tomarme un café y comer una rica tostada.

Este año, que fue un año muy especial… donde todo me lo replanteé… un día sin razón decidí dejar de tomar “ese” café.

Desde mi cuerpo solo las primeras horas tuvieron una reacción… me dolió un poco la cabeza, pero también pudo ser a causa de otra cosa, pues las coincidencias existen.

Hoy, estaba en la cama y me dije… me falta la motivación del aroma del café… por qué me auto limite ese pequeño placer?

Bastaron dos minutos para darme cuenta que no tenía sentido.

A veces nos auto-infligimos situaciones absurdas, que luego se transforman en hábitos que nos limitan… cuando la pura verdad, no tienen razón de ser.

Ojalá pueda darme cuenta de cuántas tonterías como ésta me auto impuse, para en la medida de las posibilidades abrirles nuevamente las puertas.

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