Te abro la puerta

Va delante de mí, o mejor dicho, yo a sus espaldas…

Supongo este viaje será para eso, reforzar sus alas, estar detrás por si me necesita, y si es adecuado darle algún empujoncito.

Miro por la ventana del avión y veo las Islas Canarias. Parece otra vida, pero a la vez es la mía años atrás, parando los miércoles en un vuelo de Iberia que hacía escala allí para visitar a mi abuela española, si es que no estaba en Bayona.

Por otro lado, más allá de nuestro destino principal, estamos regresando a nuestro pueblo, a ese que hace unos años volvimos rapidito, pero que ahora me propuse estar más tiempo para ver en lo personal qué me genera en la actualidad. Y esa situación me tiene intrigada, entusiasmada, nostálgica (también) e ilusionada…. Regreso yo, pero además ella se quedará allí un tiempito sola, en ese lugar donde nació y fuimos tan felices.

Siento como que la vida se entrelaza, y a la vez se cruza para volver a los mismos lugares con miradas y circunstancias diferentes, para generar posibilidades y oportunidades diferentes.

Siento que le abro la puerta, y me la reabro yo…

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Hojas de Ginkgo

Una especie de árbol es mi ejemplo de esperanza, pues sobrevivió lo más brutal … una bomba atómica.

Y resulta que hace un tiempo, más de diez años ya, un amigo me regaló uno y lo mantuve conmigo durante muchísimos años en una maceta, hasta que me di cuenta que tenerlo “encapsulado” no era digno para él, por lo que le busqué un sitio ideal y allí se fue a crecer.

Me gustaba como me marcaba el otoño y la primavera mi Ginkgo…

Ver como sus hojas cambiaban de color hasta caerse… cada año elegia una y me la guardaba en la mesita de luz.

 Ver como de un palito casi que insignificante salía un día un bultito verde y de repente una locura de mini hojitas iban apareciendo velozmente.

Y resulta que este otoño ventoso la vida me regaló un atardecer repleto de hojas de Ginkgo sobre mi jardín, que supongo procedieron del jardín de algún vecino … y por supuesto también elegí una.

Lo tomé como un mensaje del Universo…

El desapegarnos nos permite recibir con creces.

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