
Me caí de una escalera… y mientras caía pensaba todo lo que me podía pasar …
Me dolió muchísimo, me reventé literalmente mi “culete”, me quedó un machucón monumental, y hasta bastante sangre me salió.
Pero tuve suerte…. respecto a dónde caí, como caí, y el lugar del golpe en mi cuerpo…. incluso hasta en la sangre que salió, que no se quedo acumulada en lo que pudo haber sido un enorme chichón.
Quedé impactada …
Fue como recibir un mensaje del Universo…
Visualizar cuánta presión estoy teniendo desde hace unos meses atrás, la necesidad de no seguir enroscada en lo que me hace mal, y la urgencia que tengo de bajar la “pelota al piso”, aunque sea cayéndome y lastimándome, para no seguir lesionándome en lo irrecuperable.
Y dentro de esa suerte, también la tuve porque mi hija mayor estaba cerca, a mi lado, y no solo pudo ayudarme en lo que la caída significó, sino estuvo allí para darme un abrazo largo y sincero, cuando en el suelo me puse a llorar como una niña.
Pues no solo lloré de dolor, sino que con la caída se aflojó toda la impotencia y frustración que venía sintiendo desde hace un tiempo atrás.