La visité en reiteradas oportunidades en diversos momentos y tiempos.
Fue testigo de mis mayores alegrías, y de mis más grandes soledades.
Pero ha sido recién y en tres días, que la he conocido de verdad
Supongo sucede lo mismo con las personas… en atención a los momentos, las distracciones, las preocupaciones, y a lo que uno está preparado (o no) para captar.
He dormido 8 horas, pero me despierto sin muchas ganas de levantarme. Estoy aun bastante cansada y mi cuerpo esta exhausto. Pero tengo tanta “conciencia” de que es la hora de salir, pues más tarde será «incomodo». Estoy en la ciudad que vive al alba y de madrugada, para luego quedar desértica durante el mediodía y la tarde.
Son las reglas de la Naturaleza las que gobiernan aquí los hábitos.
Ayer fue un día “raro”, por demás de agotador, y supongo que conjuntamente con las circunstancias tangibles, fue el resultado de remover emociones.
Sevilla me marca etapas grandes y diversas, etapas antagónicas… mi época más libre y divertida en los estudios, mi etapa más enamorada, y mi capítulo de familia más quebrado.
No tengo ganas de andar recorriendo esquinas de recuerdos, más bien deseo ver lo que no vi por tener la mirada perdida y andar de prisa con preocupaciones y ocupaciones diversas que no me han permitido sentir la ciudad a pesar de la de veces que he estado aquí, y en diversos momentos de mi vida.
No en vano llegue casi que sin elección esta vez… pero con un cambio de planes descomunal.
Las fotos que acompañan mis dibujos no son todas de mi autoría. Algunas las he tomado de la Web y agradezco especialmente a sus autores por la compañía y belleza le proporcionan a mis reflexiones. Sería maravilloso poder especificar quienes las han tomado pero me ha resultado imposible llegar a sus artistas.