Y yo estaba lejos, pero también cerca como para escuchar… cuando me di cuenta de que no solo se sentía una canción, sino que estaba silbando la misma…
Y no fue un segundo ni dos, lo hizo hasta que aparecí yo… que inmediatamente me arrepentí de asomarme, porque hubiera deseado seguir escuchando ese silbido de forma ininterrumpida.
Y sí, era lógico que debía de silbar, una persona “así” era lógico que le pegara silbar.
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Para mi silbar es la alegría del Alma que sale de uno a modo de melodía, y exterioriza en sonido una manera de ser absolutamente positiva ante la vida.
Silbar no es cualquier cosa ni cualquier detalle… hasta la forma en que uno coloca los labios para hacerlo es curiosa y justifica prestarle atención … es como besar el aire… pues sí, al silbar sucede el atreverse a besar el aire.
