Recolocando… corazones caídos

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A principio de año… por el verano aún, mis hijas hicieron tres corazones de una cuarta de largo cada uno y todos rojos.

Me pareció “simpático” ponerlos en la chimenea y allí quedaron todo el año…

Me resultaba raro que la cinta adhesiva no se derritiera con el calor del fuego y éstos se cayeran… y siempre imaginé que al desprenderse dejarían un pegote sobre la chapa de la chimenea.

Lo curioso del caso, fue que hace unos días, un amigo vino a visitarme a casa y no sé por qué le comenté lo de los corazones que habían durado pegaditos… y justo en ese instante se cayó uno… sin dejar el mínimo rastro de haber estado pegado… pareció como brujería…

Al corazón caído lo puse en una mesita al lado del fuego… y allí estuvo semanas… pero hoy me levanté y me dije “qué tonta, este corazón se cayó pero debe de volver a su lugar”… por ende, le puse cinta detrás y lo retorné a la estufa…

Y allí quedó y quedará… y nuevamente, tal vez, alguno se caiga por calor o la razón que sea… y nuevamente, tal vez,… y seguramente quizás… le vuelva a pegar y colocar sobre la estufa.

Hay cosas/problemas/circunstancias que tienen solución, pero que cuando suceden quedamos como bloqueados, paralizados y no reaccionamos.

Por surte, con el paso del tiempo aparece el sentido común (a veces) y si cuidamos lo que había sido motivo del problemilla, lo reparamos y solucionamos… las cosas quedan no solo como antes, sino mejor aún… porque se sabe que se sobrevivió a una caída.

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Caparazones que cambian

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Estaba escuchando una exposición, cuando la oradora -una mujer- puso en palabras… en una metáfora… la pura situación de mi vida… y la de tantos otros buscadores.

Estamos viviendo una vida, la nuestra, pero de repente pasa que nos empezamos a sentir incómodos, apretados, vacíos o muy llenos… y es allí como a la par con ciertos animales debemos darnos cuenta que lo que hemos determinado para nuestra vida, por las razones sean no nos está quedando a medida.

Seguramente “jueguen” cambios internos, o las circunstancias, o nuestra evolución, o nuestros logros o nuestros fracasos… o los sueños alcanzamos o los que no…

Es allí cuando en cierta manera nos empezamos a sentir “nosotros pero diferentes” y una llamada interior nos empieza a movilizar para que tomemos decisiones respecto a nosotros y lo que queremos ser de ahora en más.

La oradora lo metaforizo con el caparazón de un cangrejo, que en un momento a otro es necesario el animalillo se desprenda del mimo, en el ínterin queda a la intemperie, como desnudo y muy a la deriva de lo que sea… pero bien le vale el esfuerzo cuando se forma el nuevo caparazón… el que le calza para esa etapa de la vida y ese momento real.

 

 

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