De miedos y sensatez

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Todas las veces que mi cerebro me falla es porque el miedo actúa… y no me refiero a fallarme porque me olvide de algo, porque no sea capaz de razonar algo, o porque no pueda pensar algo… sino fallarme a mí misma como persona… a mi “yo”… yendo en contra de mí.

Todas las veces que me vienen sentimientos malos de cosas buenas, o que me pongo a la defensiva, me dedico a la búsqueda de opciones B, o simplemente me paralizo… es porque el miedo actúa en mí.

En realidad aparece siempre porque soy bien humana… el problema es cuando le doy poder, cuando lo dejo ser a él antes de ser yo… es allí cuando la embarro.

Conozco a alguien al que quiero mucho, que es casi una réplica de mi (o yo de él), y es como si la vida misma me mostrara con sus acciones o reacciones lo que hago o lo que hice yo, y me permitiera ver en otra persona las cosas que me gustan de mi, las cosas puedo mejorar en mí y las cosas que reacciono mal por miedo…

No me gusta el término instrumento entre personas, por más que la Oración mas linda del Mundo se titule así, pero siento que a través de ese alguien, de ese amigo a quien respeto, valoro y le tengo una confianza extrema… la vida me puso un instrumento para «verme» a mí… muy especialmente cuando me invade el miedo… y es como si me viniera una sabiduría no sé de donde que me permite discernir.

La vida es muy curiosa… es muy curiosa la vida… si le busco explicación mientras transcurre casi que la dejo de vivir…

Solo me permito reflexionar sobre la misma en paréntesis de vida.

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Vientos Fuertes

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Todos los miércoles, a la misma hora, se reúnen unas personas para preparar un evento importante… estoy invitada siempre… pero nunca puedo ir.

No es que este miércoles “pudiera” ir… más bien hice lo imposible para ir y así poder dejar de pensar en lo que estaba pensando.

Pero llegué y por vez primera la reunión se había suspendido

En vez de ponerme del mal humor, regresé a mis pagos y bajé a la playa… había un viento descomunal… tanto pero tanto viento… que pensé volaría, decidí no caminar… desistí.

Era viento del este… el que me gusta a mí, el que “para mi” es puro y cambia la energía.

Hay días que más vale dejar pasar el viento por uno… ni siquiera quedar dentro de él… solo saber que está actuando.

Hay días que más vale dejar intervenir al viento por uno… aunque no te permita hacer nada… porque con ello hace todo: limpia tu Alma.

 

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