Una pulserita de tela

pulserita de tela

No me gusta tener nada en el cuerpo que me marque, mas solo ando con una esclava de oro que me regaló para el año mi querida abuela… y de vez en cuando collares, anillos o caravanas… que quito y pongo según la ropa y ganas.

Pero… hace un tiempo… año casi… me puse una pulserita de tela en mi muñeca derecha junto con mi esclava… lo hice por lo que significó de mucho el cruce con cierta institución en mi vida y las causalidades se dieron tras ella.

Pues estaba duchándome y sentí algo desprenderse de mí y tocar mis pies… Miro: mi pulserita.

La recojo, apago la ducha, me seco y atino a volver a ponérmela…

Pero no… me doy cuenta en el acto que fue un mensaje, un capítulo que se acababa de cerrar en mi vida, un capítulo relacionado con una gran pasión con mi vocación que me dio unos frutos divinos y una razón de ser laboral-personal, pero que ta… como todo… evoluciona… y sin dejar de ser va a cambiar.

La pulserita la guarde en mi “sobre”, el de las cosas importantes que significaron mucho en mi vida pero que ya no están en mi diario vivir.

 

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Lugares que ya fueron … Lugares que son

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Arranqué con mi Padre temprano por la carretera, iba a hacer algo que no quería hacer pero que debía de hacer… y muy especialmente acompañarlo.

Recorrimos unos 700 kilómetros… ya al final no sabía dónde poner mis pies a pesar de que me encanta ir de copiloto.

La ida fui nerviosa… por razones varias tenía en el estomago una puntada.

Cuando llegamos a destino hicimos lo que debíamos de hacer… no era lo ideal pero era lo que había (ese término lo detesto pero a veces es cierto)… y fuimos a comer a un bar de mala muerte.

Y fue allí cuando me di cuenta que había tomado sin querer una decisión… pues todo se hubiera dado para que yo hiciera algo al regreso… pero decidí inconscientemente no hacerlo y regresar a origen… cambie el “chip”.

Asimismo, volvimos por otro lado, pasando por un camino que antes fue “mi” camino (y también de mi padre por motivos y tiempos distintos)… pero que ya no lo es más, ni de él ni mío.

En ese instante sentí que así como uno se puede desenamorar de una persona por un sinfín de razones muy valideras, uno también se puede desenamorar de un lugar… básicamente creo que es porque uno cambia… y lo que para uno era perfecto y te potenciaba como nada puede  dejar de serlo…

(…) No aceptarlo es resignación… muchas veces necesaria pero no por ello ideal.

Me enamoré de un sitio… y pasan los días y soy sabedora de ello… pues a veces se requiere de tiempo y distancia para tomar conciencia de los sentimientos.

Me desenamoré de un sitio… que antes lo era todo pero que en esta nueva versión de mi ya no soy “yo» a pleno allí.

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