Mis cosas “viejas”

zapatillas rotas

Cada vez le abro la puerta a la Señora me ayuda con la limpieza en la casa, ella automáticamente me mira los pies…

La mayoría de las veces le abro descalza, otras pocas con zapatos (pronta para salir)… pero otras tantas con unas zapatillas de entre casa que adoro desde hace años… y cada vez las ve a estas últimas siempre, pero siempre, me dice lo mismo: “No podes”.

Y yo siempre me río y  le contesto lo mismo: “Sí puedo”

Las cosas me acompañan hasta que no pueden mas… como les tomo cariño desprenderme de ellas no es algo habitual ni querido para mí.

Las arreglo, las coso, las pego… y cuando yo ya no puedo las llevo a algún “especialista”.

En casa es común ver platos pegados, tazas reparadas, ropa cocida…

Solo me despido de las cosas cuando ya resulta imposible arreglarlas… y por supuesto… con un “gracias” mediante.

Y no es por dar cátedra… pero si todos utilizáramos las cosas hasta más no poder y agradeciendo tenerlas, el Mundo no estaría tan sobreexplotado y se consumiría bastante menos… lo que en un Planeta de bienes/recursos finitos es inevitable empezar a hacer.

 

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Coraje

coraje

Hay distintas formas de tener coraje… modalidades digamos.

Mis hijas y yo fuimos a sacarnos sangre.

Entramos las tres juntas como solemos hacer para todo… y a mí me pincharon primero para demostrar que no pasaba nada allí.

Mi hija mayor desde que llegamos no paró de llorar -tiene otros fuertes, pero es tan precavida que siempre teme lo que puede suceder- … mi hija pequeña solo miraba.

La cuestión es que se requería una segunda “candidata”…

La mire a la pequeñaja y le pregunté “vas tú?… es por tu bien”

“Está bien Mama, voy yo”… se sentó en mi falda, le tomé el bracito, la pincharon y me miró diciéndome “No me gusta esto Mama”, pero ni una lagrima se le cayó.

Terminaron con ella, no pasaron ni dos minutos y se me desvaneció encima, tal cual una “bella durmiente”.

Como yo tenía a la otra hija mía al lado, no pude ni siquiera exteriorizar el susto me genero mi chiquita se cayera con los ojitos cerrados sobre mí, sino simplemente tratar de remediar la situación.

La enfermera que miraba la escena y ayudó, me dijo “tranquila, fue el miedo, estará todo bien”.

Cuando se despertó la admiré más que  nunca…

Pues se necesita coraje para llevar adelante muchas acciones, pero el coraje no siempre implica vencer al miedo sino a otras cosas también…

Pero cuando el coraje es ir para adelante a pesar del miedo, el mismo es más admirable… porque el miedo naturalmente paraliza a quienes no tienen coraje o no lo tienen tanto.

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