Mi Árbol

Diez años estuvimos juntos… y te tuve en una maceta…

Tal vez fue un gran egoísmo de mi parte, tal vez un extremo cuidado, pues como quedabas desnudo todos los inviernos, me hacías sentir que podías en un trozo de tierra sobrevivir y yo cuidar de tu tronco durante esos meses.

Durante diez años esperé en algún momento encontrar un sitio para mí, dejando de lado mi vida nómade, donde tu pidieras echar raíces.

Mientras (no) sucedía, observaba lugares y personas, con la intensión de que alguien te adopte… pero era tan difícil conseguir lo ideal.

Hasta que llegó … una familia que quiero, un lugar que me arropa, una tierra por donde paso con frecuencia y me regala energía.

Te subí al auto, te puse de copiloto, y te llevé …

Me dio esa sensación de darte libertad, por mas que de ahora en mas vas a ser sedentario para siempre.

Te solté de mí para que crezcas alto, para que te pares por ti mismo en tus raíces, y para que desde donde las eches impartas esperanza.

Lo curioso, lo realmente muy curioso (y mágico), es que pasan los meses y sigo encontrado hojas tuyas … miro a los alrededores, al cielo, busco y busco alguien de tu especie cuyas hojas tal ve el viento traiga… pero no encuentro nada.

Por eso, estoy empezando a sentir que tal vez seas tú que le susurras y pides al viento que me mande señales de ti, para hacerme ver que estés donde estés, siempre estarás conmigo marcándome esperanza.

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Siete días

Siete días pasamos aquí… siete días que significaron varias cosas …

Mi equipo a la deriva y en sintonía (también) con la Naturaleza, y conformándola (también)…

Observándola para aprovecharla, así como para cuidarnos de ella, descansar y/o cansarnos..

Bañarnos, no bañarnos, abrigarnos, desabrigarnos, guardarnos, sacarnos, apagar y prender enchufes, tener mas agua, tenes menos luz…

Oler a mar, oler a campo, oler a bosta de vacas que pasaban, paraban, y nos miraban…

Siete días de ver 36oº grados de infinito, de mirar el horizonte en cada ventana, de observar golondrinas, caballos, vacas y el baile de unos árboles muy lejanos.

Escuchando el viento, el cantar de los pájaros, desvelándonos de madrugada por las olas, invadiéndonos las hormigas y comiéndonos la piel los mosquitos.

Tormentas a lo lejos que nunca llegaron,  lluvia cercana, estrellas de a miles, amaneceres rojos, atardeceres naranjas.

Tortas de chocolate amargo de deleite, tortillas españolas y comidas nuestras …

Siete días de lágrimas propias y de risas compartidas … de recuerdos que debí  asentar … de intrigas e incógnitas que sigo sin saber … de abrir el corazón, a veces también la furia … de dejar pasar el enojo y aceptar el devenir de la vida … de observar las oportunidades que se fueron, que no debieron ser o que simplemente constituyeron capítulos del entrelazado de la vida y aún no se su final.

Siete días… con una noche de luna nueva, donde sucedió algo que me hizo saber que nada seria sin voluntad.

La finitud del tiempo, la necesaria presencia en el presente… Ellas y Yo.

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