Los hombres verdaderos

hombres verdaderos

Los hombres verdaderos jamás van a decirle a una mujer que no opine de algo por ser mujer (llámesele futbol, autos, mecánica, cuentas…).

Los hombres verdaderos jamás van a censurar a una mujer en una actividad, a lo sumo trataran de ayudarla en lo que por ser mujer necesite de ellos (llámesele fuerza física, por ejemplo).

Los hombres verdaderos te van a dejar pasar primero por la puerta, pero no solo para ver tu “culete”, sino porque entienden que las mujeres merecemos un trato considerado.

Los hombres verdaderos jamás van a diferenciar a las mujeres, entre aquellas están para tener sexo de aquellas están para tener hijos.

Los hombres verederos van a aceptar tener una jefa mujer, sin menospreciar con ningún adjetivo calificativo tal hecho.

Los hombres verdaderos van a escucharte y verte llorar sin salir corriendo.

Los hombres verdaderos van a valorarte en tu esencia, por aquello que te diferencia del resto, y no por adecuarte al sistema.

Los hombres verdaderos, van a darte tiempo, oídos, risas y lágrimas, porque saben apreciar todo eso mismo que tú les das.

Los hombres verdaderos van a estar radiantes de interactuar con tu inteligencia, y no desearan seas una mujer sin neuronas.

Vivo en una sociedad machista… en un país en vías de desarrollo (no por su PBI, sino por su grado de conciencia humana), no son muchos los hombres verdaderos que hay a mi alrededor… pero hay algunos…

Trabajar con ellos es un placer, pues los sexos nos potenciamos al percibir y razonar las cosas de forma diferente.

Ser amiga de ellos es un privilegio, porque tienen una manera de ser que hacen que la amistad sea absolutamente maravillosa.

Ser pareja de uno de ellos, ideal.

 

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Adiós y gracias

adios y gracias

Abrí mi parte más hermética.

Lo hice con dolor, pero con profunda convicción…

Necesitaba mostrarme tal cual era, y dejar de esperar un mago lo descubriera.

Pero logré el efecto adverso a lo que quería, mucho más a lo que necesitaba.

Y me di cuenta que mi esencia no importaba.

Adiós y gracias las personas que no valoran una apertura…

Adiós y gracias las personas que no pueden estar cuando las necesitamos…

Adiós y gracias las personas tan centradas en sí mismas, que no logran ver el dolor ajeno.

 

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