Pisar un clavo

Estaba en mi escondite lagunero, cuando de repente me llaman al teléfono… voy a decir algo y me doy cuenta que debo aprender a callar, porque las cosas importantes se dicen en persona… con lo cual en un acto de total improvisación y yendo contra todo lo planeado, me comprometo a pasar cinco minutos para conversar con esa persona.

Eso significa desviarme…

Al llegar, puro edificio a mi derecha… un paisaje por completo opuesto al que estaba treinta minutos antes… bajo del auto y agarro para la playa, apenas toco la arena me saco las alpargatas y empiezo descalza a caminar.

Miro, miro y veo personas diversas pero no a quien había quedado encontrarme… hasta que de repente aparece como que sale de la duna, y voy para allí.

Le digo “hola” y doy un solo paso… cuando me clavo un clavo en mi pie derecho….

Vivo descalza y soy prudente al caminar, tengo tolerancia grande al dolor… por ende, en el instante pienso ¿Por qué me clave el clavo y por qué me duele tanto?!

Me siento, y veo la sangre mezclada con la arena que me entra en la “perforación”… y observo a la otra persona que en vez de ayudarme se pone a buscar más clavos para ponerse a martillarlos… “Qué inoportuno” pienso para dentro.

Me siento, veo la caseta de guardavidas a unos metros, y le comento que voy a que me atiendan … Supongo que se da cuenta de que mejor me acompaña y deja de martillar, nos acercamos y no hay gente en la caseta, por lo que me ofrece desinfectarme en su casa, pero me vienen ganas de reclamar al culpable de los clavos desprolijos y en donde sé que seguro me limpiaran mejor…

Allí vamos, entro con bombachas de campo a ese hotel tan poco mi estilo ideal, por supuesto descalza y encima con mis pelos más al viento que de costumbre… y estoy bastante enojada porque si eso le pasa a un niño le arranca el dedito del pie… quien me mire dirá que allí no cuadro ni en broma.

Viene el gerente, se excusa de varias formas pero es inexcusable, viene un símil de enfermero y nos vamos al baño, allí aparece mi amigo, quien no tiene la mejor idea que empezar a pellizcarme cada vez que me ponen desinfectante o me hacen cosas en la planta del pie…

Un dolor, un ardor y encima me pellizcan… no doy crédito de la situación surrealista que estoy viviendo.

Solo sé que deseo estar en casa… que agradezco a Dios que la única vacuna que me doy es la antitetánica, y pienso que al día siguiente voy a ir a la emergencia móvil para que me saquen toda la arena que seguro me quedara, porque por un tema de gravedad el del hotel no está limpiándome bien…

Al terminar esa escena, me quedo unos minutos sola con mi amigo, más que hablar lo escucho, y me doy cuenta de que lo que le iba a decir se engloba en la misma situación que acabo de pasar… fue como una gran metáfora… él  es tosco … y no lo voy a cambiar, es así, no es malo, solo que es… simplemente tosco… y yo no soy tosca.

Ya en la carretera, de regreso, siento como haber cumplido un ciclo de vida… reaccioné bien por lo que ese dolor seguro con los días va a pasar… y tuve un aprendizaje… cada uno es como es… y a veces es mejor callar si lo que dirás no a va a sumar … aunque te tengas que clavar un clavo en el pie para captar el mensaje del universo de que llames al silencio.

Acerca de dibujandoconelalma

Este es mi espacio, no obligo a nadie a que me lea, simplemente soy una buscadora, y en esa búsqueda continua tengo necesidad de escribir y compartir mis experiencias e inquietudes con quien las quiera leer, apreciar y disfrutar.
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