Te miro a los ojos


Me detengo en el semáforo, y una persona empieza a hacer piruetas con unas pelotitas…
No tengo dinero para darle, pero sí puedo hacer algo, darle las gracias por el espectáculo que me dio, bajando la ventana, y mirándolo.
Yo voy en un auto, estoy calentita, y la vida me proporcionó oportunidades varias para que pueda salir adelante con una profesión, apoyos para que mi camino sea cómodo, y tal vez también tuve suerte, sin desmerecer mi esfuerzo y actitud.
Pero no todo el Mundo nació en la misma cuna que yo, ni con las mismas circunstancias que yo.
En ese contacto visual con el malabarista, con esas disculpas por no poder darle las monedas que él necesita para ganar su dinero del día, sucede esa conexión que da el verse a los ojos de tú a tú…
Él y yo conectamos en algo que trasciende el auto y el estar a pie, ambos somos Humanidad, nuestra miradas nos enlazan en un sentir que yo no desearía hubieran personas en situación de calle (y él menos) y se lo digo mirándolo en absoluto respeto hacia la dignidad de su persona.

Ponerse en el lugar del otro…
No es fácil, mas aún con lo rápido que se anda por la vida en estos tiempos, pero es la única forma de empatizar, empatizar en un Mundo donde va cayendo en picada el concepto de Humanidad…
Ver las circunstancias del otro, los sentimientos del otro… al “Otro”.
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Todo al revés

Y de repente todo se transforma en un caos….
Tu padre se enferma, tu hija se enferma, tu socia se enferma, tu te enfermas, personas cercanas a tus cercanos están mal …
Se te empiezan a romper muchas cosas, y es como que todas a la vez y no das abasto de la cantidad de “incendios” que tenes que apagar… pero a la vez, no te podes dar el lujo de parar.
Lo que planeabas con ilusión no sucede, sino más bien a la inversa.
Lo que decís se interpreta mal, lo que haces te sale de manera contraria a lo que deseas.
Y lo que hacías con dulzura y alegría literalmente se esfuma, porque las circunstancias hacen que no puedan suceder ni esas cosas que te daban tanta energía.
Sentís como si la vida tuviera decenas de cortocircuitos, y no podes hacer mucho porque nada depende de ti, sino como de algo así de una fuerza mayor que sentís que está sin comunicación contigo.
Un día explotas porque ya es demasiado… pones distancia de todo, y desapareces, y la distancia te permite ver por fuera las circunstancias, que son ajenas a ti misma, que no son tú ni nadie, sino que simple y justamente son solo “circunstanciales”
Y pasan los días… casi una luna entera… y llega un sábado como hoy, que venís de brindar por algo que terminó tras una tormenta muy difícil.
Y deseas que con ese brindis, y con la luna llena nueva, todo vuelva a su cauce, sabiendo incluso que aún a pesar del caos, todo encuentra orden, incluso tal vez más.
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