En el mismo lugar, el mismo día, a la misma hora …
Pero esta vez no iré (presencialmente no estaré allí) … mañana fallare.
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Creo que la vida a veces hace coincidir cosas para que justamente sepamos elegir, pues si hacemos todo corremos el riesgo de no estar a pleno en nada …
La energía es limitada… la capacidad de focalizarnos también… y el poder optar una necesidad (difícil de llevar a la práctica) si queremos estar por completo en donde estamos.
Pues sí, este año cambié mi cita de siempre por una diferente, más lejana, más misteriosa, más diversa, más compleja… pero también más cercana a mi hoy que a mi ayer.
Dentro siento nostalgia por lo que no elegí, por la cita a la que no acudiré mañana, pero también alegría de haber madurado, de haber sabido no hacer todo, bajo el riesgo de agobiarme y no disfrutar del todo.
Tal vez esto sea una de las enseñanzas que sí ahora aprendí… elegir dentro de lo que me fascina hacer… escuchándome en dónde deseo estar hoy, por más que antes desee estar en otro sitio, y actuar en relación.
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Hoy estaría durmiendo en ese hotel de ventanas gigantes que miran a las señoras montañas, me acostaría soñando en lo que me depararía mi mañana, a quien me encontraría… pero en vez de ello, elegí estar en mi dormitorio, para en unos días… estar de pleno en otra ventana, mirando otro paisaje, pensando en otros futuros, encontrándome con otra gente… y acercándome mas a mi necesidad presente.
Empecé el año de la forma más desalmada, solitaria e inoportuna que me podía pasar.
Para mí, que me muevo tanto y pienso más… el Covid que me penetró en el cuerpo me generó un dolor tan espantoso en la columna que me paralizó, y un cansancio tan extremo que me imposibilitó incluso pensar.
Empecé el año literalmente postrada doce días en mi cama… sintiendo que era surrealista, paradójico y cruel … pero demasiado causal para mi propia personalidad.
En realidad, todo sucedió tras Reyes, con una valija para vacaciones que perfectamente me podría haber servido para todo el año de la cantidad de ropa que puse allí… y recuerdo que dolorida y agotada debí agarrar mi auto y manejar cuatro horas para volver a casa… lo que en buen estado me hubiera llevado hora y media.
Atravesar el dolor del cuerpo extremo (porque no exagero diciendo que no me podía mover, pues ni la vuelta en la cama para mirar hacia el otro lado podía realizar), y la imposibilidad de concentración con absolutamente nada … atravesar eso… fue revolucionario para mi persona.
Incluso me tocaron esos calores extremos donde se caían hasta los pájaros de los árboles, y recuerdo que sudaba y sudaba pero como no me gusta el aire acondicionado no tenía otra más que padecerlo … siendo consciente que nada podía ser más contracorriente para mí que esa realidad.
Imposible de olvidar mi día de alta, fue el de la gran tormenta de Enero, y por suerte horas antes, me fui a la rambla y bajé a caminar a la playa, vi el cielo casi negro, sentí el olor de las nubes cargadas de agua…. y caminando sin dolor capté la importancia de ese presente con lágrimas de emoción … que culminó con un abrazo gigante de mis hijas que se reencontraron precisamente allí conmigo (a quienes no había podido ver en todos esos días).
Pasé todos esos días sola a nivel humano, mi compañía fue Olivia -mi perra-, quien curiosamente se instaló en mi dormitorio cuando jamás entra allí, y en ningún momento dejo de mirarme, y yo sentir que nuestros corazones latían al unísono.
Y llego al hoy… pasó el tiempo, por lo menos más de un semestre… pasaron varias cosas en estos tiempos… y me veo, en la misma cama, desayunando, mirando por la ventana, y escribiendo este dibujo …
Me transformé en una persona que no deja de ir a pilates por nada, pues ama estirar su cuerpo en esas camas elásticas que hacen que te creas que quedaras mas alta… que mas que nunca sube escaleras y renuncia a ascensores…
Me transformé en una persona que en las fiestas le gusta muchísimo bailar.
Me transformé en una persona que muchas tardes de fines de semana lo único que desea es estar sola consigo misma, a veces pensando, y otras tantas mirando el fuego o el jardín… pues mi propia compañía es como sagrada.
Me transformé en una persona que ante las adversidades, se le viene enseguida a la mente eso de que éstas también van a pasar, y ante los regalos maravillosos de la vida desea captarlos a pleno porque también sabe que éstos también van a pasar.
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Y sí… haber estado inmovilizada doce días me inmovilizó la vida, para recordarme más acercarme a mí corazón, a mi cuerpo, a mi alma y a mi espíritu… ya que antes corría demasiado hacia afuera.
Las fotos que acompañan mis dibujos no son todas de mi autoría. Algunas las he tomado de la Web y agradezco especialmente a sus autores por la compañía y belleza le proporcionan a mis reflexiones. Sería maravilloso poder especificar quienes las han tomado pero me ha resultado imposible llegar a sus artistas.