Un tren

Era un día de sol magnífico y yo estaba en el mejor momento de mi vida…. a conciencia y alegría.

Tan acostumbrada a moverme mediante determinados medios de transporte que me pareció extraño tener la necesidad de subirme a un tren, pero fiel a mis corazonadas (y mi valentía), cuando lo vi pasar no tuve dudas de llamarlo, pararlo y subirme en él.

Allí me encontré viviendo fuera del tiempo… es que en realidad el tiempo es un invento humano, y hay momentos y situaciones que pasan rapidísimo, otras eternas, y otras trascienden los movimientos del reloj.

Allí compartí con personas diferentes a mí que me enriquecieron mis perspectivas, con conversaciones de altísima calidad, con muchas risas, con historias crudas, con confianza, y sobre todo con una amplísima comodidad.

Esas personas desde el principio vieron y captaron mi libertad de pensamiento, palabra y omisión, y me lo hicieron saber como valorándome en alguien diferente, a quien respetaban por más que no opinara lo mismo que ellos.

Pero sucedió que vino una tormenta eléctrica, de esas que mueven hasta las vías del tren, y quedaron expuestas cosas que no me gustaban y me generaron incomodidad, y las expresé con respeto desde mi libertad.

Aún así no dude ni por un segundo no desear bajarme de ese tren, sino simplemente exponer lo que me incomodaba, para tal vez me pudieron ayudar a aclimatarme dentro de ese viaje.

Pero no siempre los otros están acostumbrados a la misma libertad, o a esa que expresa los sentires y las opiniones diferentes de uno mismo … de hecho no es la libertad la moneda corriente de las personas…. y la libertad por lo general incomoda.

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Te miro a los ojos


Me detengo en el semáforo, y una persona empieza a hacer piruetas con unas pelotitas…
No tengo dinero para darle, pero sí puedo hacer algo, darle las gracias por el espectáculo que me dio, bajando la ventana, y mirándolo.
Yo voy en un auto, estoy calentita, y la vida me proporcionó oportunidades varias para que pueda salir adelante con una profesión, apoyos para que mi camino sea cómodo, y tal vez también tuve suerte, sin desmerecer mi esfuerzo y actitud.
Pero no todo el Mundo nació en la misma cuna que yo, ni con las mismas circunstancias que yo.
En ese contacto visual con el malabarista, con esas disculpas por no poder darle las monedas que él necesita para ganar su dinero del día, sucede esa conexión que da el verse a los ojos de tú a tú…
Él y yo conectamos en algo que trasciende el auto y el estar a pie, ambos somos Humanidad, nuestra miradas nos enlazan en un sentir que yo no desearía hubieran personas en situación de calle (y él menos) y se lo digo mirándolo en absoluto respeto hacia la dignidad de su persona.

Ponerse en el lugar del otro…
No es fácil, mas aún con lo rápido que se anda por la vida en estos tiempos, pero es la única forma de empatizar, empatizar en un Mundo donde va cayendo en picada el concepto de Humanidad…
Ver las circunstancias del otro, los sentimientos del otro… al “Otro”.
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